Un Caballero (parte IV)
Dos días después de lo sucedido con Ernesto*, desperté un poco en desconcierto. Fecha: 14 de Febrero, de 200*. Celebración que, por cierto, nunca he podido celebrar.En mi cabeza, las primeras palabras de Jim Carrey en su papel de, Joel Barish en la película Eternal Sunshine of the Spotless Mind:
“Pensamientos al azar sobre el día de San Valentín de 2004. Es una celebración inventada por los fabricantes de tarjetas de felicitación, para que la gente se sienta como una mierda…”
Salí de mi cama, sin ganas… Apague el celular, cosa estúpida, sabía que igual nadie me llamaría, por lo que no sonaría estuviese o no encendido. Bajé al living y comencé otro día mas. Y en la noche, cuando entre a mi dormitorio y encendí el celular. Bingo! Un mensaje recibido. No escribiré exactamente lo que decía, pero era de un chico que me saludaba por el día de …tín.
Raphael*. Menor que yo algunos años, era casi tan romántico como yo. Escribía poesía, como yo. Miraba la luna, como yo. Se ocultaba de la nada, como yo. Intentaba pasar inadvertido… como yo. En fin, si bien al principio se podía decir que éramos muy parecidos, esto no fue así después de 6 meses compartidos…
Su trato era muy similar al de Ernesto*. Mientras éste último usaba palabras como sacadas de un diccionario de la Real lengua Española, o también enseñadas por adultos muy mayores… Raphael* usaba palabras que, de fijo, hacían pensar que era familiar directo de Shakespeare. Lo interesante de todo, fue que también mantenía la misma forma de expresarse, tanto en su escritura cómo en su habla. Y su voz… también, celeste como el cielo.
Nos escribíamos poemas, y mas de una vez hizo, para mi, pequeños cuentos.
El vivía en la ciudad de las casas de colores, donde ninguna se pierde de vista. Desde un principio sabía que con él algo cambiaría. No dudamos en juntarnos… y por primera vez, yo así lo quería. Pusimos la fecha y ninguno estaba dispuesto a fallar ese día.
Seguíamos hablando, declarándonos sentimientos, soñando juntos, ilusionándonos cada vez mas…… y la fecha estaba muy próxima.
Llegado el día, yo no estaba tan nerviosa como creí que estaría… almenos no fue así hasta el momento en que lo reconocí; pensativo, risueño y sentado en el último rincón de una terminal. Caminé directo a él sin ser vista aun… pero cuando me faltaban escasos cinco metros, di la vuelta y me escondí tras una caseta. Desde ahí lo mire por unos minutos, hasta que se me ocurrió llamarlo… sabía que era él, pero esa llamada me hizo estar totalmente segura… Le dije donde estaba y con mis palabras lo guié hasta mi… ya no tenía escapatoria…
Nos miramos y nos abrazamos… ese fue el primer y último gran abrazo… Mis nervios, mi costumbre a estar sola y mi NADA de experiencia al trato con los hombres en persona, crearon entre él y yo un gran muro que apenas le permitió mirarme a los ojos…
No me referiré mas a ese día, pero hubo algo que rescate en mi cabeza… mas bien fue una historia que cree para asumir que una vez mas había perdido… Esa historia es el primer escrito que subí a este Blog.


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